La seguridad nacional en riesgo

Por Jesús Ortega Martínez



Tenemos un problema enorme de seguridad pública y en el reconocimiento de esto no se puede perder de vista que está sucediendo permanente en nuestro país.

Cuando los hechos criminales en Iguala se quieren situar (por consideraciones políticas o electorales) como un evento aislado de otros que suceden a diario en el país, entonces se comete un grave error que tarde que temprano repercutirá en otros hechos violentos en cualquier otra región. Los asesinatos y desapariciones forzadas en Iguala han generado horror, indignación, rabia (todo plenamente justificable), pero, lamentablemente, este hecho es parte de la violencia cotidiana que se encuentra presente en gran parte de la República.
Cuando el Estado no tiene la capacidad de garantizar los derechos humanos fundamentales como el de la seguridad de las personas en su vida y patrimonio, cuando no puede lograr que sea la ley la que principalmente norme las relaciones en la sociedad, cuando la violencia ilegítima de la delincuencia organizada supera (o pone a su servicio) a la fuerza legítima del Estado, entonces, sin eufemismos, lo que existe es un grave problema de seguridad de la nación.
Tenemos un problema enorme de seguridad pública y en el reconocimiento de esto no se puede perder de vista que está sucediendo permanente en nuestro país. Hay ingobernabilidad, hay vulnerabilidad de la fuerza del Estado mexicano y, de plano, hay ausencia de un Estado de derecho.
Pero más aún, si ponemos atención a los objetivos del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) y que son los de generar inteligencia estratégica, táctica y operativa que permita preservar la integridad, estabilidad y permanencia del Estado mexicano, dar sustento a la gobernabilidad y fortalecer al Estado de derecho, entonces, desde la propia concepción oficial de lo que es la seguridad nacional, ésta se encuentra en severo riesgo.
Ante esta realidad se pueden adoptar diversos comportamientos, uno de estos es el de reconocer el riesgo en que se encuentra la nación; de señalar, incluso, su gravedad, pero sin aportar nada para remediarla. Estos son los del “acuso, luego existo”.
Otro comportamiento es negar el peligro en que se encuentra la seguridad nacional, soslayarlo, bajo la idea de que lo de Iguala “pasará” como antes “pasó” lo de San Fernando, lo de Morelia o lo de Ciudad Juárez. Los miles de desaparecidos durante éste y los anteriores sexenios. Éstos son los del “Si yo no lo veo, es que no existe”.
Y luego existen los que saben perfectamente que la seguridad nacional se encuentra en riesgo, pero lo que quieren es agravarla, agudizarla, profundizarla, pues parten de la idea de que la inseguridad pública y la inseguridad de la nación “crean condiciones revolucionarias, insurreccionales” para tomar el poder. Éstos son los de “cuanto peor, mejor”, o dicho de otra manera: “Destruyo, luego existo”.
Contra estos comportamientos debe actuar la izquierda democrática perredista y debemos hacerlo ya, asumiendo —no autoflagelándonos— la parte de responsabilidad política que tenemos en el caso de Iguala y la que debemos enfrentar —como fuerza política— en el asunto de la crisis del Estado y del riesgo de la seguridad nacional.
La manera posible de resolver estos grandes problemas del país es impulsando un acuerdo nacional (Estado y sociedad) para atacar a fondo las cinco causas principales de esta problemática, es decir: la metástasis de la corrupción, la opacidad en el conjunto de las acciones de la administración pública, la inoperancia del sistema de procuración e impartición de justicia, la degradación (pudrición) de la fuerza legítima del Estado y la estrategia prohibicionista (impuesta por el gobierno estadunidense) en el asunto del narcotráfico.

Por Fernando Belaunzarán 



En entrevistas recientes a diversos medios de comunicación de nuestro país, tanto el filósofo Fernando Savater como el recién nombrado comisionado nacional contra las adicciones y ex comisionado de Seguridad Nacional, Manuel Mondragón y Kalb, se han referido a la política de drogas. Las posiciones no podrían ser más contrastantes. 

Mientras Savater afirma que “Perseguir las drogas es absurdo” (Miguel de la Vega, Revista R, 2-XI-2014), Mondrgón y Kalb declara que “No quiere ver un país mariguanero” (Carlos Benavides, El Universal. 3-XI-2014). El primero propone desde hace 30 años la regulación de sustancias ilegales y el segundo, a pesar de reconocer que en 20 años todo ha empeorado, no tiene otra propuesta que continuar con el prohibicionismo.


Dice Savater: “La persecución de la droga es un absurdo porque no produce más que males en las sociedades. Ha terminado por formar un negocio tan fabuloso que eso crea grupos adictos a ese dinero fácil y a la violencia que le rodea. Y esos grupos se compran políticos y, de alguna manera, corrompen la estructura social. Entonces, claro, hay que combatir el narcotráfico en su raíz económica… No se puede acabar con las drogas. Vamos a tener siempre ese tipo de cosas al alcance de la mano. Lo que pasa es que la prohibición las convierte en una mercancía de un precio y de una irresistible función económica que hace millonarios a los más desaprensivos de la sociedad”.

En cambio, Mondragón y Kalb argumenta: “Usted cree que se va a acabar una organización criminal por no manejar la mariguana. Y ¿Qué pasa con las drogas de diseño, con la cocaína, con la siembra de amapola, que somos los primeros o segundos productores en el mundo, se van a acabar? Por favor. Y ¿Qué pasa con esos grupos violentos dedicados a otro tipo de delitos? Que me disculpen, pero eso no resuelve el problema”.

Es evidente que Savater no se refiere sólo a la marihuana y entiende que la prohibición, como ha quedado demostrado, no impide que se consuma ésa y otras sustancias ilegales. Sería un paso importante, el que ahora se puede dar, hacia una nueva política que se base en la prevención y no en la perniciosa persecución y represión que ha causado más males que las drogas mismas. 

El IMCO calcula que la marihuana aporta aproximadamente el 30% de los recursos por venta de drogas ilegales a los carteles de las drogas. Eso es mucho dinero y las organizaciones criminales son tan fuertes como grande su cartera. No se trata de una fórmula mágica que va a resolver todo de un golpe, pero sí un avance que los debilitaría. Muchos de esos grupos que se dedican a “otro tipo de delitos” también se dedican al narcotráfico, siendo ésta su principal fuente de recursos.

Como ya dijimos, el propio Mondragón y Kalb acepta en su diagnóstico que todo ha empeorado en las últimas dos décadas. Dice que “ya no solamente somos productores y vía de tránsito, somos consumidores y las encuestas nos indican que cada vez más el consumo va aumentando y cada vez la edad de inicio del consumo va bajando, y cada vez la paridad de género va empatando a la mujer con el hombre…”.  ¿Acaso no está aceptando el fracaso del prohibicionismo? ¿Cómo espera tener resultados diferentes si no dice ni propone nada diferente de su antecesor en el cargo ni del antecesor de su antecesor, y así?

Manuel Mondragón y Kalb habla como policía a favor de la política que no le dio resultado como comisionado de Seguridad. Al doctor no lo he leído. Afirma que “la marihuana produce efectos secundarios indeseables”. Lo mismo pasa con cualquier medicina, basta con leer las etiquetas, e incluso con muchas otras sustancias como el azúcar o la grasa. Nos adelanta que está “terminando de leer 400 artículos” de la misma tendencia prohibicionista. Ojalá los haga públicos para constatar su calidad. También podría leer los numerosos estudios e investigaciones que sostienen los beneficios terapéuticos y médicos de la marihuana. El Investigador Emérito y Premio Nacional de Ciencias, Dr. Ricardo Tapia, del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, estaría encantado de proporcionarle bibliografía suficiente. 

¿De verdad cree Mondragón y Kalb que países como Australia, Alemania, Israel, Canadá, Italia, La Republica Checa, Uruguay o los 23 estados de la Unión Americana regularon la marihuana con fines medicinales  lo hicieron sin cumplir con protocolos, estudios y resultados concluyentes? ¿Debo recordarle que esos países tienen sistemas de salud eficientes y las mujeres no dan a luz en los patios de los Hospitales?

Quizás el problema de Mondragón es que no concibe que haya consumidores de drogas que no sean adictos y se equivoca rotundamente al decir que éstos no están en las prisiones (Entrevista con Joaquín López Dóriga, Radio Fórmula, 24/X/2014). Muchos usuarios de drogas ilegales han sido extorsionados o van a la cárcel acusados de narcomenudistas porque las cantidades son ridículas en la tabla de dosis de consumo inmediato, en la Ley General de Salud (art 479), y no están capacitados policías, ministerios públicos ni jueces para hacerlas valer. Le vamos a mandar estudios del CIDE al respecto.
   
De la misma manera que el Mondragón y Kalb acepta que acostumbra consumir una copa de “buen whisky” –su única semejanza con Savater- y eso no lo hace alcohólico, debiera aceptar que muchos consumidores de drogas ilegales, la inmensa mayoría, no son “adictos” ni delincuentes, es decir, no son problemáticos. 

No obstante nuestras distintas y contrapuestas posiciones, vislumbro puntos de encuentro. Acepta quien ahora está al frente de CONADIC que si “vamos al extremo” de que se legalice la marihuana, “pues yo la paso a las sustancias legales y las voy a combatir igual que trabajaré para el tabaco y alcohol…”. Eso, y no otra cosa, es lo que queremos.

Otro punto de encuentro tiene que ver con su disposición manifiesta de debatir este tema con quienes planteamos la regulación de las drogas, empezando por la marihuana (Entrevista en Imagen con Leopoldo Zea, retomada por Excelsior el 30/X/2014). Le vamos a tomar la palabra y en breve solicitaremos una cita para platicar y acordar condiciones del debate. Ahí podríamos aprovechar para resolver sus dudas sobre el contenido de la regulación: quiénes producirían, en qué cantidades, etc. 

Mañana martes se vota en Alaska, Oregon y Washington DC si en esos lugares se regula la marihuana con fines “recreativos”. El gobierno de Enrique Peña Nieto debe poner atención en esos procesos. En una entrevista en el diario El País (9/VI/2014), el Presidente declaro. “… la legalización de la marihuana es un fenómeno creciente. La demanda que hemos hecho ya nosotros es que revisemos el tema, sentémonos a debatir sobre el tema, a revisar la política que se ha seguido en lo9s últimos 30 o 40 años y que a la postre solamente ha arrojado mayor consumo y mayor producción de drogas. Por tanto, es una política fallida. Hay que revisar esos. Insisto, yo no estoy en favor de la legalización, es un tema de convicción personal. Sin embargo, tampoco podemos seguir en esta ruta de inconsistencia entre la legalización que se ha dado en algunas partes, sobre todo en el mercado del consumidor más importante que es EE UU, y en México que sigamos la producción de marihuana”.

Como que ya va siendo el tiempo de revisar esa política fallida y dejar de criminalizar la producción de marihuana, es decir, poner manos a la obra en lo que considero una buena reflexión presidencial que nada tiene que ver con un prohibicionista al frente de CONADIC.

El comisionado nacional contra las adicciones no quiere ver “un país mariguanero”. Respeto su opinión, pero lo que hoy los mexicanos que colman las calles exigen es ya no vivir en un país ensangrentado. ¿Con quién coinciden más? ¿Con el filósofo Fernando Savater o con el policía Mondragón y Kalb? 


Por Amparo Brindiz

El tema de la desigualdad tiene una relevancia central y evidente en la sociedad mexicana. La agudización de los procesos de exclusión, polarización y fragmentación la tornan una cuestión inmediata y preocupante, ya que es uno de los muchos factores que está induciendo a la violencia.
La desigualdad está asociada con el acceso diferencial a la propiedad y el control de bienes materiales y simbólicos, así como al acceso de servicios que tienen importancia social y económica.
Según informes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la desigualdad, se encuentra ahora en su nivel más alto en décadas en muchos países y esto debilita el crecimiento económico y el bienestar de los ciudadanos.
El ingreso promedio del 10% más rico de la población en los países de la OCDE fue de nueve veces y medio superior al del 10% más pobre en 2010, en comparación con un nivel siete veces mayor, hace 25 años.
De acuerdo a un estudio que el banco Credit Suisse publicado en 2010, la riqueza en el mundo muestra una fuerte concentración: 24 millones de personas mayores de 20 años (0.5% de la población mundial adulta) tenían 35.6% del total de la riqueza mundial. En el otro extremo, 3 mil millones de personas (68.4% de la población mundial adulta) tenían tan solo 4.2% de la riqueza mundial.
México tiene 4 millonarios en la lista de los 100 hombres más ricos del mundo de la revista Forbes. La suma de la riqueza de estos 100 hombres es de 1.7 billones de dólares, pero así mismo es uno de los más países con más pobres.
De acuerdo al Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) el 81% de la población en 2010 era pobre o vulnerable, es decir tenía una o más carencias sociales.
El CONEVAL mide la pobreza de manera multidimensional, esto es a partir de seis indicadores de carencia social: alimentación, educación, salud, seguridad social, calidad de la vivienda y servicios básicos en la vivienda. La población pobre o vulnerable en México tuvo, en promedio, 2.3 carencias sociales.
Entre los países miembros de la OCDE, México es el que revela la mayor distancia entre las familias que menos ganan y las que más ganan, por arriba de Chile, Israel, Turquía y Estados Unidos. México es un país muy desigual en materia de ingresos.
Por ello, para hacer frente a la creciente brecha entre ricos y pobres, deben implementarse políticas públicas que atiendan los temas de ingresos y salarios, pero también abordar temas, como, mejor acceso a una educación de calidad, salud e infraestructura pública.
No hay que olvidar que la desigualdad en el ingreso va aparejada de una desigualdad equivalente en la calidad de vida. Sin educación de calidad y buenos servicios básicos se ve difícil revertir este grave problema. 



Por Isaías Villa




SOBRE IGUALA, LACRISIS DEL ESTADO MEXICANO Y LA FRACTURA DE LA IZQUIERDA. 


Primero ratifiquemos definiciones:

 1)El crimen (asesinato-desapariciones) de Iguala es ESPELUZNANTE E INADMISIBLE; 

2)Lo PRIORITARO es ENCONTRAR A LOS MUCHACHOS y CASTIGAR A L@S CULPABLES, caiga quien caiga; 


3)Lamentablemente NO ES UN ACTO AISLADO, confirma el fracaso de la estrategia Calderón-Peña, y refleja una profunda crisis del Estado mexicano, que ha sido penetrado por el crimen en muchas regiones.


Ahora las DIFERENCIAS, LOS MATICES:

1) El Gobierno de PEÑA NIETO ES EL PRINCIPAL RESPONSABLE, por cálculo e ineficiencia, de la situación nacional y de la investigación dosificada que mantiene el caso irresuelto en Guerrero. Los medios propician linchamientos selectivos contra el PRD y MORENA, nada hablan de las culpas federales: porqué no informó antes la SIEDO, xq no actuó la PGR desde 2013, xq la base militar de Iguala nunca reportó nada, xq a más de un mes siguen especulando y filtrando información a su conveniencia?

2) Cuál es la SALIDA? Una revuelta civil, una solución cosmética, o la construcción desde el empuje de la sociedad indignada pero inteligente, de un ACUERDO NACIONAL concentrado en una COMISIÓN DE LA VERDAD Y LA LEGALIDAD, con personalidades como Juan Ramón De la Fuente, Carmen Aristegui, Mario Molina?
Hay quien juega a la revuelta; quienes buscan sacar raja; los que en toda propuesta de acuerdo ven traición. Pero la estridencia como catarsis libera a algún@s, pero no soluciona. Y sin un Acuerdo ¿cómo lograr una Comisión de gran fuerza y alcance institucional, para traducir en medidas de Estado sus acciones?

3) La IZQUIERDA DEBE ACEPTAR SU DIVERSIDAD Y ASUMIR SUS ERRORES sin martirologio ni suicidio. Navarrete-PRD ya lo hizo: ofreció disculpas, Aguirre salió, se apoyara el castigo de l@s responsables, quienes sean, y se propuso blindar las candidaturas del 2015. En cambio AMLO-MORENA evaden, mienten, se victimizan; sectores radicales exhiben su necrofilia sin pudor; e internamente IDN-BEJARANO golpean, intentando ganar con sus chantajes en la mesa lo que ya no le otorgó la base perredista. Que cada quien asuma su responsabilidad, con visión de futuro. No sería mejor aceptar que aún teniendo diferencias conceptuales, tácticas, etc. deberíamos preservar las posibilidades de encuentro, para potenciar las posibilidades del cambio por la izquierda?


En serio alguien o varios creen desde la izquierda, que es mejor el derrumbe, y que van a poder más que el narco, los grandes empresarios (incluidos los medios), el Ejército, los tiburones priístas, para imponerse en el país?. Serenémonos, luchemos en las diversas trincheras, pero siempre sumando; México debe tener una salida por la vía pacífica, hacia la seguridad, la paz y la justicia.

Sr. Director:
Solicito publicar este escrito como réplica al artículo de Roberto Zamarripa del lunes 27 de octubre.
1.- Zamarripa: "La inserción económica del narco es la derrota del Estado y de sus Políticas Públicas".
Réplica: Coincido, pero si el Estado está siendo derrotado, entonces tiene que asumir que es el conjunto de sus instituciones, todas, las de la administración federal, estatal y municipal; los partidos, los Poderes de la Unión, los organismos autónomos, etc.
Sin embargo, desde su parcialidad "políticamente correcta", Zamarripa no menciona una sola vez quién es el Jefe de Estado y menos precisa que de éste es la responsabilidad constitucional de perseguir los delitos del orden federal, como lo es el narcotráfico.
2.- Zamarripa: "El narcotráfico es la expresión más salvaje del capitalismo".
Réplica: Aceptemos esta generalidad, pero Zamarripa se comporta como aquellos antiguos políticos de izquierda que, desde la comodidad de culpar al capitalismo de todos los males, eludían señalar a responsables directos de delitos. En el caso de Iguala, los narcotraficantes, dentro y fuera de la administración publica, tienen nombre y deben ser castigados por los crímenes cometidos.
3.- Zamarripa: "El PRD arguye que el Estado y los partidos, todos, están en crisis por la infiltración criminal".
Réplica: Apoyándome en su argumentación. Desde luego, el Estado está en crisis, incluidos los partidos. Pero no sólo el Estado se encuentra infiltrado por el narco, también lo están -no puede ignorarlo el periodista- grandes empresarios del comercio, los medios de comunicación, la industria, la banca; algunas iglesias y grupos o individuos de la llamada sociedad civil. Es, el narco, como dice Zamarripa, un negocio y hay, no pocos capitalistas privados, asociados con él desde hace años.
4.- Zamarripa: "Quién iba a decirlo, el partido heredero de esa memoria de lucha contra la represión y defensa de la vida tiene en sus filas a los responsables intelectuales y políticos de la masacre en Iguala".
Réplica: En el PRD cometimos un error: postular a presidente municipal de Iguala, a uno de los presuntos asesinos, recomendado por Lázaro Mazón, a su vez, precandidato de López Obrador a gobernador de la entidad. Lamentable y costoso error. Pero Zamarripa, erigido en juez de la causa, señala que él sabe quiénes son "los responsables intelectuales y políticos" de la masacre. Como ya lo sabe, entonces debe dejar, por unas horas la redacción de Reforma e ir al Ministerio Público federal, ante Murillo Karam a denunciarlos.

Si no lo hace, entonces se vuelve cómplice del crimen o vulgar calumniador. Le exijo poner la denuncia para que en lugar de desatar su "furia de converso", contribuya a esclarecer el crimen y castigar a los responsables. Ésa es su obligación como ciudadano y más como periodista.

¡Hay algo podrido en México!

Por Jesús Ortega Martínez



Nuestro país huele a sangre y este hedor se hace ya insoportable para la mayoría de las personas, aunque no para todas...

Shakespeare ponía en voz de Hamlet la siguiente expresión: “There is something rotten in Denmark” —“Hay algo podrido en Dinamarca”—.
A esta célebre expresión del dramaturgo inglés, al paso de los años se le han dado diversas traducciones, pero casi todas tienen la misma connotación: Algo apesta en Dinamarca, para referirse a que las cosas están muy mal, apestan, hieden.
Ante la situación que actualmente se vive en México bien podríamos decir: “There is something rotten in Mexico”, pues nuestro país huele a sangre y este hedor se hace ya insoportable para la mayoría de las personas, aunque lamentablemente no para todas.
Para algunos —los menos—, aun sintiendo el terrible olor de la sangre, prefieren ignorarlo; les barrena el interior de sus narices y sin embargo buscan —¿pueden?— fingir indiferencia. Oler la sangre que se coagula en la tierra de las fosas clandestinas o el de aquella que corre por las calles de las ciudades, les interrumpe en su confort hasta que... no sea la suya, la propia, la que despida el penetrante olor.
Otros huelen la sangre pero extrañamente no les huele a sangre, les huele a tinta y en realidad no les desagrada —o  en todo caso la soportan—, pues les sirve para escribir la nota que por la noche leerán desde el teleprompter en su noticiero. Esta es su rutina diaria, salvo que “de arriba o desde más arriba” les ordenen cambiar el color de la nota. Así sucedió, por ejemplo, con el caso de Tlatlaya o en Ecatepec —¿alguien sabe qué ha sucedido con los fusilados de la bodega o con el feminicidio oculto en la “modalidad” de fosa acuática?—.
Pero también existen los que oliendo la sangre se excitan como murciélagos y la buscan para nutrirse política y electoralmente. Son los que comparten la teoría de “cuanto más peor, mejor” y AMLO es uno de sus entusiastas seguidores. Esto es: entre más ingobernabilidad, entre mayor inseguridad, entre mayor encono social, entre más violencia, entre más incapacidad del Estado para contenerla, entre mayor debilidad de las instituciones para aplicar la ley, entonces… mejor para ellos, pues suponen —desde esta delirante concepción— que empeorando más y más la situación del país se crearán las condiciones políticas y sociales más adecuadas para que ellos “aparezcan” —literalmente— como los “salvadores de la patria”.
Esta teoría política que alguna vez fue entendida entre la izquierda como “eficaz estrategia revolucionaria”, resulta, especialmente ahora, francamente deleznable, perversa, miserable, pues para obtener rédito político se utiliza el sufrimiento de las víctimas, la indignación de la sociedad por lo sucedido en Iguala y el rencor social acumulado durante años. Esta “estrategia” de muchos políticos y de no pocos grandes empresarios, de prevalecer intereses particulares por sobre los del país y los de la gente, responde en parte, a la pregunta acerca de ¿qué es lo que se está pudriendo en México?
Esto es cierto, pero no es toda la verdad. La otra parte y más importante aún, es que el viejo Estado mexicano, ése en donde la ley se acata pero no se cumple, en donde la ley se escribe pero no se aplica, el de los poderes fácticos sobre los constitucionales, el de la opacidad en lo público, el de la corrupción como sinónimo de negocio, el de la impunidad que alienta la violencia, ese Estado tiene tiempo pudriéndose, está y huele mal,  hiede, pero nos resistimos a cambiarlo.
PD: Sé que el PRD cometió un grave error al postular a Abarca como candidato y de ello estamos acusando severos daños. Ni modo, los errores y más en la política, se pagan caros y, sobre todo, se cobran implacablemente.
Twitter: @jesusortegam

Inexistencia de un Estado de derecho.

Por Jesús Ortega Martínez   

Una premisa: Si Ángel Aguirre o cualquier otro funcionario estatal del PRD o del partido que fuese, es responsable, por acción u omisión de que en Iguala varias personas hayan sido asesinadas y que otras mas se encuentran desaparecidas, se les debe aplicar la ley y ser sujetos a las sanciones correspondientes, penales si fuese el caso.   

Dicho lo anterior, Aguirre se ha ido,  pero muchos de los que demandaban su salida,  son los mismos que ahora—esquizofrenia pura—pregonan  que ese hecho no contribuye en nada a  la solución de la grave problemática que vive Guerrero y el conjunto del País.

Algunos medios de comunicación, en su intento de ser “políticamente correctos, no se atreven a señalar que lo sucedido en Iguala es parte de lo que a diario sucede en otras regiones del País; se resisten a reconocer que las causas fundamentales de la violencia que recorre al País,  se encuentran localizadas en la crisis estructural que padece el conjunto del Estado Mexicano, especialmente en las instituciones encargadas de garantizar la seguridad de las personas y la aplicación de la ley;  y peor aun, no asumen—cuidando intereses—que la responsabilidad principal de ello,  se encuentra en la incapacidad del gobierno federal para enfrentarla. Cuidadosos, siempre pretenden dejar a salvo la responsabilidad del Gobierno federal y de quien lo encabeza y siempre encuentran a otro a quien endosársela.

Si, la salida de Aguirre fue políticamente necesaria, pero el monstruo gigantesco, feroz, violento, agresivo y tremendamente poderoso, aun sigue ahí, aunque candorosamente muchos no quieran verlo. Ese monstruo gigantesco,  con miles de brazos,  con los que soborna a todas las policías; a los jueces; que corrompe a funcionarios federales estatales, municipales; que penetra a los partidos, a las iglesias, a las empresas privadas, a los bancos, sigue aquí, disolviendo, degenerando al conjunto del tejido social.

Sin embargo hay ingenuos que piensan que ese monstruo dejará de existir en la medida de que lo ignoremos. Esa es la “estrategia” mas estúpida,  aun desaparezcan los poderes en las 32 entidades federativas y aun renunciara a la presidencia de la República el propio Peña Nieto.

El Presidente de la república tiene responsabilidades, desde luego,  y hay que demandar que las asuma o en su caso que responda, igualmente ante la ley. Pero aun siendo valido esto,  es aun mas importante ahora,  fortalecer al Estado a partir de que funciones sus instituciones. Lo importante es parar la violencia que ensangrienta al País e impedir que el Estado Mexicano continúe su acelerado proceso de debilitamiento.

Desde luego que existen concepciones entre individuos, organizaciones e incluso partidos,  que piensan que entre mayor sea la crisis del Estado mejor para ellos. Suponen que entre mayor violencia e inseguridad se presente; que entre mayor sea la incapacidad del gobierno para prevenirla o impedirla; que entre mayor sea la ingobernabilidad e inestabilidad; que entre mayor confrontación social exista, entonces mejor para sus intereses particulares. Estos partidos como MORENA e individuos como AMLO  apuestan a que todo se derrumbe para, suponen,  surgir ellos como los “Salvadores del País y de la gente”.  Este tipo de concepciones y comportamientos pueden identificarse como mezquinos, pero mas que ello,  son  profundamente reaccionarios pues a quien le sirven es la derecha mas extremista. Aparentemente su discurso es de izquierda,  pero en la realidad, en su contenido, en su sustancia,  es un discurso de derecha, pues privilegia el logro de sus objetivos de partido por sobre las necesidades  de la gente y del país.  Es de derecha y es de canallas aprovecharse del sufrimiento de las victimas en Iguala para satisfacer sus propósitos egoístas.

La “estrategia” de que entre mas peor, mejor,  no solo es estúpida, es perversa.

En sentido diferente,  para terminar con ese monstruo que ocasionó la tragedia de Iguala y que esta provocando un desastre nacional, obliga a reconocer por todos, que su trágica existencia es resultado de la igualmente trágica inexistencia de un Estado de derecho en México.

Esa es la realidad y esta solo podrá enfrentarse con éxito en la medida en que el Presidente, el Congreso, la Corte, los partidos, los grupos empresariales, las organizaciones sociales alcancen acuerdos de fondo, radicales, legislativos y políticos para reestructurar al Estado Nacional y con ello se puedan disolver las causas verdaderas de su crisis.

 Twitter: @jesusortegam


Blogger news

Blogroll